martes, 15 de septiembre de 2009

¿para qué tenemos hijos?

El otro día, un amigo con dos niños preciosos me hacía esta pregunta. Según él, vivimos tranquilos hasta que ellos llegan, y luego todo se disuelve en un mar de pañales y de biberones.
Soy una de esas madres a las que sus hijos agota, pero pienso que es parte del proceso. Me encanta dormir hasta tarde sin que nadie me moleste, y comer sin tener que levantarme continuamente y perseguir a Daniela con el tenedor; pero olvido todos los enfados y las carreras del día cuando se duerme acariciándome la cara, o cuando Lucas recuesta su cabeza contra mi hombro agotado de subirse a todas partes y caerse a continuación.
Sí, definitivamente los niños son agotadores, pero merecen la pena. Siempre he defendido que envejecer-despacio, eso sí- es bueno. Cada edad tiene cosas de las que la anterior carecía, y tener siempre veinte años resultaría aburridísimo. ¡Claro que los hijos te cambian la vida!. Yo salgo a comer, voy de vacaciones... pero elijo desde el punto de vista de mi familia, y a cambio ellos me dejan redescubrirlo todo a través de sus ojos, esos ojos para los que todo tiene la ilusión de lo nuevo, y eso es lo mejor que puede pasarte.
Mi padre me dice, riñéndome, que soy como una niña, porque no he perdido la capacidad de asombrarme. ¡Qué triste despertar sabiendo que nada, absolutamente nada en ese día, logrará sorprenderte! Y mis hijos consiguen hacerme abrir la boca a diario.
¿Para qué tenemos hijos? No, mi pregunta es: ¿por qué no los he tenido antes?

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